Como volviéndome agua, espuma de mar, me escurro en la noche. Pienso que ya nada puede ser peor que la monotonía. Pero bueno, si: el día y la noche pasan sin más, desdibujados y todo se traduce en un pensamiento recurrente.
Una idea así, que se va y viene, como el frío, como la lluvia, como el viento que arrastra todo eso que no pretende ser arrastrado.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué es lo que dije? ¿Será algo de todo eso que uno piensa, siente y no tiene palabras? Tal vez. ¿Tiene sentido tratar de traducir?
Y pensar que la cosa era otra...de otra forma, con otro ritmo. Y que yo no era espuma de mar, ni agua, ni tormenta. Era otra cosa, eso lo tengo claro.
Y ahora me encuentro con esto, con no saber.
Ya las canas son tan mías, que me desbordan...vienen desde adentro, y se me enredan por dentro y por fuera.
Tal vez alguien sepa cuándo pasó esto. Yo no. Yo soy la que nunca sabe qué pasó. Qué me pasó. Yo soy no.
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